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Santo Tomás de Aquino - La Idea de Dios

by anonymous

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CRISTIANISMO Y FILOSOFÍA

Cuando el cristianismo entra en contacto con el mundo romano se encuentra con una cultura que ha cambiado muchísimo . Dichos cambios pueden ser nucleados en tres grandes ejes:

1. Religioso: gran influencia de las religiones monoteístas frente al politeísmo típico greco-romano.

2. Filosófico: los movimientos filosóficos ya no se caracterizan por la búsqueda de explicaciones racionales (sistemas de pensamiento), ahora pretenden convertirse en formas o estilos de vida.

3. Social: ya no existen las antiguas ciudades-estado (Polis), ahora todo es el Imperio; esto lleva a los habitantes a sumergirse en un profundo sentimiento de inseguridad, el cual acentúa la sensibilidad y la búsqueda en las religiones, de la seguridad que el Imperio no ofrece.

El Cristianismo estaba teñido de gran optimismo, un optimismo que no se podía ver en el pensamiento pre-cristiano. Conceptos como el de creación -el cual chocaba con la idea de eternidad defendida por los griegos- y la idea de tiempo lineal -cuyo fin era la llegada del Señor (el Salvador)-, anticipaban la idea de Salvación de los hombres, finalizando con las penalidades y sufrimientos de este mundo. Anteriormente, en el mundo greco-romano, todo era el eterno retorno y, la concepción cíclica y fatalista de la historia.

Con respecto a la filosofía, se buscan maneras de justificar la legitimidad (por parte del cristianismo) del hecho de aceptar el pensamiento anterior. Aunque podemos encontrar posturas muy diferentes y radicales entre sí, no deja de haber un reconocimiento de la filosofía y de la necesidad de admitirla como tal. La mayor dificultad radica en encontrar la forma de armonizar un pensamiento sometido únicamente a la fe y a la revelación (cristianismo) y otro regido básicamente por la razón (filosofía). La tarea ve a ser tratar de discernir si la filosofía puede aportarle algo a la revelación. Igualmente, no todos los representantes del cristianismo aceptan a la filosofía como medio digno de transmisión de su mensaje. Así, Tertuliano , en su libro De Anima, plantea: “los filósofos son los padreas de los herejes”. Las posturas son varias y se dan simultáneamente: incompatibilidad, autonomía (independencia) y conciliación.

Santo Tomás de Aquino

Introducción

Se piensa que Santo Tomás de Aquino cristianizó a Aristóteles así como, en su momento, San Agustín lo hizo con Platón. Pero el hecho de cristianizar al filósofo griego se dio de tal forma que sus ideas  no se convirtieran en una amenaza para la doctrina cristiana.

Se puede decir que Tomás creó una gran brecha entre la doctrina y el saber, tomando como base, como ya se dijo, la filosofía aristotélica. Opinaba que existen verdades naturales a las que se llega a través de la razón, así como a través de la revelación o la fe. Un ejemplo de estas verdades naturales es la que dice que "existe un Dios"  y según Santo Tomás, por las dos vías anteriormente mencionadas se puede llegar a ella, aunque, si dejamos el conocimiento de la existencia de Dios solamente a la vía de la razón, muchos hombres no llegarán nunca a él, ya que es muy fácil desorientarse al recorrer este amino. Para él el camino de la fe es el más seguro. Aún así, opinaba que no debe de existir contradicción entre razón y fe o, dicho de otro modo, entre el pensamiento aristotélico y la doctrina cristiana.

Explicaba que el conocimiento natural que el hombre tiene sobre Dios es confuso y que necesita ser elucidado para así convertirse en explícito. Por ejemplo, el hombre tiene un deseo natural de felicidad, y un deseo natural supone un conocimiento natural; pero aunque, según él, la verdadera felicidad solamente puede encontrarse en Dios, de esto no se sigue que todo hombre tenga un conocimiento natural de Dios como tal: el hombre tiene una vaga idea de felicidad, ya que la desea, pero puede pensar que la felicidad consiste en el placer o en la posesión de riquezas y necesita de una reflexión ulterior antes de darse cuenta que la verdadera felicidad solamente la puede encontrar en Dios.

Añade además, que el entendimiento no tiene conocimiento a priori de la naturaleza de Dios y que debido a la debilidad del intelecto humano no podemos discernir a priori la posibilidad de que exista el Ser supremamente perfecto, el Ser cuya esencia es su existencia, y llegamos al conocimiento de que tal Ser existe no por un análisis de la idea de un Ser así, sino por argumentaciones basadas en sus efectos a posteriori.

Ahora bien, opinaba Santo Tomás que el entendimiento humano está encarnado y depende de los sentidos en su operación. Como consecuencia de esto, su objeto de conocimiento propio y natural es el objeto corpóreo, pero esto no destruye la orientación primaria del entendimiento al  ser en general: si los objetos corpóreos dan testimonio a los sentidos de una relación con un objeto que los trasciende, el entendimiento puede conocer la existencia de tal objeto a través de ese testimonio.

El entendimiento humano puede, entonces, alcanzar algún conocimiento natural de Dios en la medida en que los objetos corpóreos están en relación con él y le revelan, pero ese conocimiento es imperfecto, no puede ser de carácter intuitivo y necesita ser probado. Por esta razón presenta cinco vías o pruebas de la existencia de Dios.

5 Vías o Pruebas de la existencia de Dios

(1) La primera de las cinco pruebas es la del movimiento.

Sabemos, decía Santo Tomás, porque nuestros sentidos lo perciben, que algunas cosas del mundo se mueven, en otras palabras, concebimos al movimiento como un hecho. La palabra 'movimiento' se entiende aquí con el sentido aristotélico: 'paso de la potencia al acto', sentido al que Santo Tomás le añade el argumento de que una cosa no puede ser reducida al acto desde su estado de potencia a no ser por algo que esté ya en acto, o sea, 'todo lo que se mueve es movido por otro'. Entonces, si ese otro es movido a su vez por otro, y ese otro por otro, y como una serie infinita no es posible, llegamos finalmente a un motor no movido, a un primer motor, 'y todos entendemos que ese primer motor  es Dios'.

(2) La segunda prueba tiene también su punto de partida en el mundo sensible, pero esta vez en el orden de las causas eficientes.

Nada puede ser la causa de sí mismo, dice Tomás, porque para serlo tendría que haber existido antes de sí mismo. Por otro lado, tampoco podemos concebir una serie infinita de causas eficientes. Por lo tanto, agrega, debe haber una primera causa eficiente, 'a la que todos los hombres llaman Dios'.

(3) La tercera prueba se basa en el hecho de que algunos seres empiezan a existir y perecen, lo que muestra que pueden ser y no ser, que no son necesarios sino contingentes, ya que si fueran necesarios no perecerían ni empezarían a ser porque siempre habrían existido.

Santo Tomás afirma entonces, que debe de haber un ser necesario, razón por la cual los seres contingentes llegan a existir, ya que si no hubiera ningún ser necesario no existiría nada en lo absoluto, 'dicho ser es Dios'.

(4) La cuarta prueba parte de los grados de perfección, de bondad, de verdad, etc. entre las cosas de este mundo, que permiten establecer juicios comparativos entre dichas cosas. Suponiendo que tales juicios tienen un fundamento objetivo, Santo Tomás argumenta que los grados de perfección implican necesariamente la existencia de un óptimo, el cual será también el Ser supremo. Por ejemplo, lo que es supremo en bondad debe de ser la causa de la bondad que hay en todas las cosas y 'ese es  Dios'.

(5) Por último, la quinta vía es la prueba teológica.

Argumenta que siempre (o muy frecuentemente) observamos objetos inorgánicos que operan por un fin y que dicho acto no ocurre por azar, sino que es el resultado de una intención. Pero los objetos inorgánicos no tienen conocimiento, no pueden tender hacia un fin a menos que sean dirigidos por alguien inteligente. Por esto mismo entonces, Santo Tomás dice que existe un Ser inteligente, quien hace que todas las cosas sean dirigidas a una fin, 'ese ser inteligente  es Dios'.

La naturaleza de Dios

Dios posee en sí, todas la perfecciones que tienen los seres y, además, en grado sumo. Nuestra limitación (como seres imperfectos) nos hace concebir esta perfección como separada de su esencia cuando, en realidad, lo que vemos en las cosas es la manifestación de la perfección de su ser. Dios es creador de todo lo que hay en el mundo y del mundo mismo. Esto queda demostrado recurriendo al principio de causalidad, en la segunda prueba. Así, la totalidad de lo que existe no es más que la expresión de la voluntad creadora de Dios y de su perfección absoluta.

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