CopyPastehas never been so tasty!

Mamá Lacanna

by anonymous

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Como veo que mis hijos cuentan todo de mí, yo también voy a contar todo. De mí, por supuesto.

Harán unos 6 meses, mi amiga Dorita me invitó a ir al bingo.
Gran expectativa, ya que no conocía ninguno.
Después de intercambiar con ella unas 10 llamadas telefónicas en las cuales le iba acercando mis inquietudes tipo: Qué ropa hay que ponerse? Cuanta plata hay que llevar? Me van a pedir documentos? A la entrada, me van a palpar? y etc. Dorita se cansó y me dijo: Te paso a buscar esta noche a las 10, no me rompas más las pelotas.
Corrí a la peluquería para ponerme bella y con los nervios del caso, a las 9 ya estaba lista.
Y allí fuimos.
Yo, observando todo. Nos sentamos en una mesa donde había 4 personas. A mi derecha, un señor comiendo huevos fritos, más allá dos señoras peinadas de peluquería como yo, y un muchacho con tatuajes hasta en las pestañas. Todo muy pintoresco.
Vino una señorita muy simpática y apurada a vendernos los cartones, que son unos papelitos finitos con números.
Como ví que varios compraban más de uno, no quise ser menos y pedí 6.
Y se largó el bingo, con los números corriendo como gente entrando al subte.
Que quilombo!
Tachaba uno del cartón de arriba y cuando alcanzaba a mirar el cartón de abajo ya estaban cantando el número siguiente. Empecé a transpirar, la vista se me nublaba y llegó un momento en que no sabía si decían 78, 18 o el culo te abrocho.
Astuta, la próximas rondas pedí un solo cartón.
Con eso fué más llevadera la tortura, y como los axiomas se cumplen, la suerte de principiante me hizo llenar toda una filita.
De los nervios no sabía si gritar : "Linea", "Bingo", o "Yo, carajo!" así que atiné a manotear a Dorita mientras señalaba mi cartón, que gritó por mí "Linea!".
Vino un muchacho muy simpático que verificó, y al rato me trajo una bandejita con ¡78 pesos con 35 centavos!, y un trofeo. Cuando ya estaba pensando en si ponerlo de adorno en el living o entre los trofeos que guardo de mis hijos, el muy turro se lo quiso llevar.
Me aferré a él al grito de "Yo me lo gané!" y mientras los ocasionales vecinos de mesa sonreían, Dorita con disimulo me desprendió dedo por dedo del mismo. Y se lo llevaron nomás.
De bronca y para festejar, pedí un champagne.
 Y ¡Hala, a brindar por el triunfo y mi primer noche de bingo! 
Seguimos jugando, pero el champagne se había terminado.
Y tenía sed.
Seguimos con cerveza, y "continuamos a bingo".
Esa voz ya me taladraba el cerebro, la que cantaba los números parecía que cada uno de ellos le provocara un orgasmo. Le empecé a tomar bronca, máxime que ya llevaba perdidos y bebidos como 200 pesos.
Hasta que me cansé y le dije a mi amiga que nos fuéramos.
Fin de mi primera experiencia en el bingo.
Ahora voy sola, y los que venden los cartones y los mozos ya me saludan con un beso y me dicen que me siguen por el Twitter.

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