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AQUEL ONCE DE MAYO

by anonymous

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El cielo estaba celeste,

y hasta se podían ver

algunos rayos de sol atrevidos

atravesarlo.

Sus ojos estaban brillantes,

pero un dejo de temor los inundaba.

El cielo empezó a nublarse,

y el sol, ya menos atrevido,

se perdió entre nubes de tormenta.

Sus ojos celestes se cerraron;

él intentó no hacerlo,

pero no encontró cómo resistirse.

Una inmensa tormenta,

avecinada por el pasado,

nos azotó a todos:

las nubes -que un día se alejaron

dejando pasar el sol-,

hoy volvían, para nublar

sus ojos de cielo celeste.

La tormenta fue fuerte

y duró todo un día.

Nos hizo pensar que acabaría con todo,

que el sol ya no saldría para nosotros

y que su cielo no volvería

a verse nunca tan celeste como cada día.

Pero de repente sus ojos

volvieron a abrirse.

Lentamente, tímidos rayitos de sol

hicieron que las nubes

desaparecieran para siempre.

Ahora el sol sale cada día con más fuerza,

el cielo cada vez está más celeste,

y cada día, cuando nos miramos en él,

soñamos con que algún día,

podamos mirarnos así en sus ojos.

 

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