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F. NIETZSCHE - UNIDAD I (6to año - Liceo Nº 61)

by anonymous

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La Idea de Dios

Federico Nietzsche es una de las grandes personalidades que jalonan el destino de la historia espiritual de Occidente, un hombre fatal que obliga a tomar decisiones últimas, una tremenda interrogación plantada al borde del camino que el hombre europeo ha venido recorriendo hasta ahora y que ha estado caracterizado por la herencia de la Antigüedad y dos mil años de cristianismo. Nietzsche es la sospecha de que este camino ha sido un camino errado, de que el hombre se ha extraviado, de que es necesario dar marcha atrás, de que resulta preciso renunciar a todo lo que hasta ahora se ha considerado como ‘santo’ y ‘bueno’ y ‘verdadero’. Nietzsche representa la crítica más extremada de la religión, la filosofía y la ciencia, la moral.

Los años que mediaron entre 1850 y 1900 se caracterizaron por grandes transformaciones  estructurales tanto en el ámbito social como en el ideológico. Algunas de estas transformaciones fueron: el desarrollo del capitalismo industrial, la modificación del modelo de alianzas políticas en Europa, el ‘reparto del mundo’ al estilo colonialista que llevó a la explotación de otros territorios en busca de materias primas, Alemania se unifica y la política europea gira en torno a una nueva nación preponderante: Prusia, y la exaltación de los caracteres militaristas (consecuencia del fracaso de la Revolución) que tendrá funestas consecuencias en el siglo XX entre otras. De este modo, podemos afirmar que la época en que Nietzsche vivió, fue un momento de profundos y continuos cambios, inestabilidad, y grandes cuestionamientos que llevaron  al hombre hasta a  replantearse cuál era su lugar en el mundo. Esto se deja ver en las obras de Nietzsche así como en las de otos autores contemporáneos a él.

Con el romanticismo comienza la crítica de la modernidad y, se cree, culmina en la segunda mitad del siglo XIX con el pensamiento “extremadamente corrosivo” de Federico Nietzsche.  Para él, la filosofía occidental (exceptuando algunos filósofos como Heráclito) ha sido una filosofía basada únicamente la búsqueda de un fundamento absoluto, olvidándose así del devenir, ignorando la vida y la voluntad de vivir: una filosofía que se opone al testimonio de los sentidos, exaltando a la razón.

La moral es para Nietzsche, antinatural ya que condena lo instintos y constituye una evasión del mundo real; constituye una moral de esclavos que exalta el dolor, la humillación, la pequeñez, la objetividad, y que niega, lo que para él sería una moral de señores, que apreciaría la vida, el poder, la grandeza. Esta es la moral que Nietzsche critica por haber significado la ponderación de los valores de los débiles.

De esta forma Nietzsche nos presentará básicamente tres tipos de hombre: el hombre, el de su época, al cual criticará profundamente y que conjuga los valores de la antigüedad y del cristianismo; el último hombre, que significa la yuxtaposición temporal con el superhombre, el ocaso del hombre moderno, y por último, el superhombre, que es el proyecto de hombre que Nietzsche nos propone como  consecuencia de su  critica y que viene a satisfacer la “demanda” que dicho autor considera  que aún no ha sido contemplada. Estos distintos tipos de hombre son la representación de los distintos valores.

¿Quién fue Zaratustra? (Reformador de la religión persa, S. VI a.C.)

“Zaratustra fue el primero en advertir que la auténtica rueda que hace moverse las cosas es la lucha entre el bien y el mal, la transposición de la moral a lo metafísico, como fuerza, causa, fin en sí, es obra suya (…) Zaratustra creó ese error, el más fatal de todos, la moral; en consecuencia, también él tiene que ser el primero en reconocerlo.” [A]

La muerte de Dios

El término muerte de Dios (utilizado anteriormente en la cultura alemana) significa aquí el creciente abandono de la visión religiosa cristiana del mundo en la cultura europea a partir del Renacimiento. Dicho abandono, fue posibilitando la sustitución progresiva de la idea suprema de Dios, como sentido del mundo, por otras ideas como la razón y el progreso. Concebir así la muerte de Dios es criticar, radicalmente, la religión, la moral y la metafísica, liberar al hombre del gran peso que significaba la idea de un más allá y de una trascendencia objetiva. El lugar de Dios lo ocupará ahora la vida y el superhombre, creador de nuevos valores.

“No habéis oído hablar de ese hombre loco, que en pleno día, encendía una linterna y echaba a correr por la plaza pública, gritando sin cesar: busco a Dios, busco a Dios! Como allí había muchos que no creían en Dios, su grito provocó hilaridad. –Qué, ¿se ha perdido Dios?, decía uno. -¿Se ha perdido como un niño pequeño?, preguntaba otro. -¿O es que está escondido? ¿Tiene miedo de nosotros? ¿Se ha embarcado? ¿Ha emigrado? Así gritaban y se reían en confusión. El loco se precipitó en medio de ellos y los traspasó con su mirada. -¿Dónde se ha ido Dios? Yo os lo voy a decir, les gritó. ¡Nosotros le hemos matado, vosotros y yo! ¡Todos nosotros somos sus asesinos!”. [1]

Las dos opciones ante la muerte de Dios serán el superhombre y el último hombre.

¿Quién es 'el hombre' en la filosofía Nietzscheana?

En el Discurso de la tres Transformaciones, Nietzsche emplea una metáfora, y caracteriza mediante ésta al hombre como un camello. El camello es el animal que transporta grandes cargas a través del desierto, ‘la nada’, un animal sometido, subyugado por los deberes pesados y rigurosos que realiza. Simboliza al hombre que se inclina ante la omnipotencia de Dios y ante la ley moral; pero además, es el hombre que está bajo el peso de la trascendencia, del Idealismo, el cual se autoimpone las cargas que soporta para demostrar su fuerza, su grandeza y el desprecio por las facilidades de la vida.

El hombre es una cuerda tendida entre el animal y el superhombre, -una cuerda sobre un abismo.” [2]   “(...) la grandeza del hombre está en ser un puente y no una meta: lo que en el hombre se puede amar es que es un tránsito y un ocaso.” [3]

El camello se transforma en león

Se da entonces, una evolución. El camello se da cuenta que debe liberarse de los pesos que lo abruman y dar paso así, al león; un animal salvaje, que simboliza, mediante su fuerza y vigorosidad, la destrucción de los valores establecidos, negándolos: conociendo su autoalienación, crea su libertad en esta lucha contra la moral establecida, objetiva, ‘su último Dios’. Domina en él el ‘yo quiero’, dejando atrás el ‘yo debo’ del camello; pero esto es solo una libertad negativa, ya que el león encarna el nihilismo pasivo, lo que lo hace aún un hombre incompleto. Con esta negación de valores se crean las condiciones para la producción del superhombre.

“¡Ay! Llega el tiempo en que el hombre no dará ya a luz ninguna estrella. ¡Ay! Llega el tiempo del hombre más despreciable, el incapaz  ya de despreciarse a sí mismo. ¡Mirad! Yo os muestro el último hombre (...) La tierra se ha vuelto pequeña entonces,  y sobre ella da saltos el último hombre, que todo lo empequeñece.” [4]

El león evoluciona a niño.

El niño posee una proyección de nuevos valores, de la autenticidad del querer creador que no poseía el león. Crea de la nada, construye todo nuevo, es el hombre que vuelve a comenzar y crea jugando. El espíritu quiere ahora su voluntad, su mundo y lo crea. El niño representa, por esto, el nihilismo activo. Es el superhombre. La naturaleza de la libertad positiva es el juego. La muerte de Dios pone de manifiesto el carácter de aventura y de juego de la existencia humana. La creatividad del hombre es el juego, la transformación del hombre en superhombre no es un salto, es una metamorfosis de la libertad finita, su rescate de la autoalienación, y la libre aparición de su carácter de juego. 

El superhombre

El tema del hombre es central en toda la filosofía de Nietzsche. Desde la crítica a la moral de su época se ve cómo diferencia al esclavo del señor. Con el superhombre apunta al ‘héroe futuro’, al hombre que conoce la muerte de Dios y que renuncia a los valores ultramundanos volviéndose a la tierra. Conoce la verdad de la esencia de la vida: la voluntad de poder. Para el superhombre, la tierra va a ocupar el lugar que Dios ocupaba en la vida del hombre autoalienado. A través de él se manifiesta la vida, el superhombre es una meta del hombre y se presenta como una decisión de los más fuertes, los que han de preparar al mundo para su venida.

Y Zaratustra habló así al pueblo: Yo os enseño el superhombre.  El hombre es algo que debe ser superado (…) El superhombre es el sentido de la tierra (…)” [5]

"(…) ¿Cómo se supera al hombre? El superhombre es lo que yo amo, él es para mí lo primero y lo único, -y no el hombre: no el prójimo, no el más pobre, no el que más sufre, no el mejor.-" [6]

el hombre tiene que mejorar y que empeorar (…) lo peor es necesario para lo mejor del superhombre[7]

La propuesta de Nietzsche a través de estas tres transformaciones es plantear la necesidad de “romper” con todo lo establecido, “llegar a cero”; para luego poder crear desde la nada. La necesidad imperiosa de esto, se justifica por el fuerte arraigo que tienen las tradiciones sobre el hombre, y se representan a través del nihilismo pasivo del último hombre y  del nihilismo activo del superhombre. Es claro que son momentos de transito hacia este fin último perseguido, el crear los nuevos valores.

La superación del hombre implica su destrucción, y el amor a Dios es sustituido por el superhombre, que se vuelve sobre la tierra, y hace de ella su lugar. Ya no se mirará al más allá, ya no se idealizará a una divinidad desconocida, el superhombre le devolverá a la tierra, todo aquello que el hombre le ha robado para adornar el más allá.


[A]  F. W. Nietzsche: Ecce Homo. Alianza Editorial. Madrid, 1979. Pág. 125.

[1] F. W. Nietzsche: El gay saber. Narcea Ediciones. Madrid, 1955. Parágrafo 125. El hombre loco.     

[2] Nietzsche, Federico. Así Habló Zaratustra. Ediciones Altaya, Barcelona 1993, pág. 36.

[3] Op. Cit.

[4] Nietzsche, Federico. Así Habló Zaratustra. Ediciones Altaya, Barcelona 1993, pág. 39.

[5] Nietzsche, Federico. Así Habló Zaratustra. Ediciones Altaya, Barcelona 1993, pág. 34.

[6] Op. Cit. pág. 383.

[7] Op. Cit. pág. 385.



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