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FICHA UNIDAD III - EL PROBLEMA del CONOCIMIENTO

by anonymous

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¿QUÉ ES EL CONOCIMIENTO?

INTRODUCCIÓN:

Cuando la filosofía estudia la Teoría del Conocimiento o GNOSEOLOGÍA (gnoseo – conocimiento; logía – logos – estudio), no se preocupa, en primera instancia, de lo que resulta del proceso de conocimiento, sino fundamentalmente, del acto de conocer, es decir, del proceso por el cual se conoce.

El pensador alemán Nicolai Hartmann realizó una descripción del proceso de conocimiento, es decir, de los elementos necesarios para que se produzca el conocimiento. Consideró que se trata de un estado mental y que para que se produzca debe haber un sujeto cognoscente (el ser humano que conoce) y un objeto cognoscible (que pueda ser conocido), y que entre ellos debe establecerse una relación. El sujeto, entonces, sale de sí y se dirige hacia el objeto, penetra en su esfera para aprehender sus determinaciones, y finalmente, vuelve a sí. Es decir: cuando conocemos algo, nos descentramos y, por un momento, nos centramos en las cualidades que tiene el objeto que estamos queriendo conocer. Esta es una salida simbólica y, gracias a ella, obtenemos una imagen del objeto, una idea o un concepto que reproduce las cualidades del objeto que aprehendimos, en nuestra mente.

En este proceso, el sujeto es modificado por el objeto (ya que obtiene un conocimiento que previamente no tenía), mientras que el objeto no padece modificación alguna. Pero pese a esto, la relación es una correlación, ya que no hay sujeto cognoscente sin objeto cognoscible, ni al revés, pese a que ambos son independientes el uno del otro.

En resumen: cualquiera sea el tipo de conocimiento que concibamos, estos son los elementos que formarán parte del proceso de conocer.

DISTINTOS TIPOS DE CONOCIMIENTO SEGÚN EL TIPO DE OBJETO CONOCIDO

A pesar de que en todo tipo de conocimiento se presupone la relación que establecimos anteriormente, las aplicaciones pueden variar de acuerdo con el objeto que sea aprehendido en cada caso.

Veamos algunos ejemplos:

(A) “Conozco a la abuela de mi amigo Juan” o “Conozco la ruta a Rocha”

Este tipo de ejemplos ilustran el llamado Conocimiento Directo o Conocimiento de Experiencia. En ambos casos se supone que hubo algún contacto directo entre el que dice conocer y el objeto material del conocimiento: haber visto a la abuela de Juan o haber recorrido la ruta hasta Rocha; y estos son motivos suficientes para afirmar el conocimiento.

(B) “Se calcular la cantidad necesaria de mezcla para construir una pared” o “Se jugar al ajedrez”

Este tipo de ejemplos involucran otro posible significado de conocimiento: la habilidad, el afirmar la posesión de una determinada capacidad adquirida con cierta práctica. Esto implica, en consecuencia, un papel un poco mas activo del sujeto que conoce.

Generalmente utilizamos en este caso el verbo SABER, y no tanto CONOCER, ya que el verbo saber tiene un matiz de conocimiento práctico que lo hace más específico.

(C) “Conozco el teorema de Pitágoras” o “Sé que dos líneas paralelas no se cruzan nunca”

Estos ejemplos implican un significado del término conocimiento que es el que se usa con más frecuencia, tal vez. Se trata del Conocimiento Proposicional, compuesto de proposiciones descriptivas que expresan la verdad de un hecho o un estado de cosas. Este conocimiento no esta basado en el contacto directo entre el sujeto y un objeto material concreto, ni en una determinada habilidad adquirida. Debe estar fundado sobre un criterio objetivo de verdad.

CONDICIONES PARA EL CONOCIMIENTO

No cualquier vínculo de captación de un objeto por parte de un sujeto produce como resultado un conocimiento. Para poder decir que lo hay se debe cumplir dos condiciones:

1- la CREENCIA. Podemos definir creencia, en líneas generales, como la suposición de que un determinado contenido de conciencia es verdadero. Las creencias pueden sostenerse como conjeturas (“Creo que este invierno va a ser mas frío que el invierno pasado”), como sospechas (“Creo que es asesino es el mayordomo”), como probabilidades (“Creo que va a venir mi mamá en breve”) o como algo de lo que suponemos estar absolutamente seguros (“Creo en dios”). Sin embargo, por más fuerte que sea mi convicción en una determinada creencia, eso solo no alcanza para afirmar que poseo un conocimiento. Y esto es porque la creencia es un estado psicológico que puede depender, en buena medida, de la opinión personal o hasta del estado de ánimo del sujeto que cree, y por lo tanto, puede variar.

2 - El conocimiento tiene la pretensión de ser general y válido para todos, mas allá de las condiciones particulares en las que se dé. En otras palabras: debe ser verdadero. La VERDAD es, precisamente, la segunda condición para que se dé el conocimiento. A diferencia de la mera creencia, que no precisa una justificación objetiva, el conocimiento exige la garantía de una FUNDAMENTACIÓN que no dependa de criterios tan  poco seguros como la opinión personal. El conocimiento debe expresar una verdad que se corresponda con la verdad del hecho o del estado de cosas que describe.

EL CONOCIMIENTO Y LO REAL

LOS PRE-SOCRÁTICOS Y EL PROBLEMA DEL CONOCIMIENTO

La filosofía se origina con la curiosidad y el deseo de conocer al mundo como características principales. El pensamiento abandona los modos de interpretar el mundo bajo el modelo del mito para pasar a hacerlo desde el modelo racional. Los primeros filósofos dedican sus esfuerzos principalmente, a explicar una cuestión que consideran primordial: qué es la naturaleza. Por lo tanto, debemos centrarnos en dos cuestiones centrales:

1- ¿qué entendieron por naturaleza? y 2 - ¿qué origen le atribuyen a las cosas que componen esa naturaleza?

Estos dos aspectos suponen un nuevo tipo de estudio y la aparición de nuevo modelos explicativos del mundo.

Nos situamos temporalmente en la primer etapa de desarrollo de la filosofía (siglo VI a.C y mitad del siglo V a.C). Los filósofos de esta etapa reciben el nombre de Filósofos Pre – Socráticos. A pesar de la gran pluralidad de pensadores y de los diversos orígenes o lugares en los que llevan a cabo su tarea, es manifiesta una cierta unidad de intenciones y preocupaciones en su actividad. En general, les preocupa entender lo que es la naturaleza, saber qué es lo que la constituye y descubrir el modo en que la conocemos.

EL CONOCIMIENTO DE LA NATURALEZA

Ya hemos afirmado que la mayor preocupación de los pre-socráticos es el conocimiento de la naturaleza o FISIS (por eso Aristóteles, posteriormente, los denominará “Físicos”). Definimos FISIS, en este contexto, de dos maneras posibles: “la fuerza interna que impulsa a algo a aparecer” o “el conjunto de todo aquello que existe y que no es obra del hombre”.

Debemos destacar que dentro del pensamiento griego no existe la idea de CREACIÓN, o sea, la formación de algo a partir de la nada; esta idea es típica del pensamiento judeo-cristiano e inconcebible para un griego. Por lo tanto, siempre tendrá que haber algo, un principio originario material o ARJÉ, a partir del cual se generan las cosas que componen el mundo.

El ARJÉ o naturaleza:

Los pre-socráticos intentan explicar las cosas a partir de algo que se encuentra dentro de ellas, que las constituye internamente. Se puede decir que buscan el CONSTITUTIVO ÚLTIMO de las cosas, un principio tanto genérico como constitutivo: el ARJÉ, al que también llaman NATURALEZA.

Monistas y Pluralistas:

Como no puede hablarse de un único modelo explicativo común a todos los pre-socráticos, ni mucho menos de un único principio originario que aceptaran todos, suele hacerse una clasificación de los filósofos según el número de principios originarios a los que acude para explicar la naturaleza.

Los filósofos MONISTAS postulan un único principio constitutivo último de las cosas, que es lo verdaderamente existente; a partir de él surge la pluralidad por procesos físicos. En cambio, los filósofos PLURALISTAS parten de una pluralidad de principios originarios, que pueden ser tanto partes de contrarios (amor y odio, por ejemplo), los cuatro elementos, átomos, etc; a partir de estos elementos aparece como resultado el COSMOS, por diversos procesos de equilibrio, impulso, choque o azar.

El problema que surge aquí es que, si diversos son los principios señalados como originarios y los modos por los que se forman las cosas, también va a existir diversidad en la manera de explicar su conocimiento. Además, si por “naturaleza” entendemos tanto eso último que constituye las cosas (el ARJÉ) como lo que observamos a través de nuestros sentidos, va a resultar que no siempre lo observado coincide con lo que sabemos sobre la realidad interna de las cosas, o sea: lo que conoce el hombre no siempre muestra lo que es, no siempre nos da la verdad. Por lo tanto, no todo conocimiento es válido y capaz de mostrar la naturaleza de las cosas.

Así, surge por primera vez la dualidad respecto a dos modos diferentes de conocer la naturaleza: mediante los sentidos y mediante la razón. Esta dualidad de modos de conocer, esta relacionada con la manera de concebir los principios originarios entendidos como realidades que están mas allá de lo observado. Supone además, una diferencia entre lo que vemos en la naturaleza y lo que esta real o verdaderamente es.

Según el valor que cada autor les dé a los sentidos o a la razón, como medios de conocimiento, aparecen distintos modelos de interpretación de la naturaleza, algunos de los cuales se detallan a continuación.

(VER: ANEXO III)

ARISTÓTELES Y EL PROBLEMA DEL CONOCIMIENTO

Su concepción del Saber

Plantea al Saber articulado en diferentes ciencias particulares, autónomas y que en conjunto, abarcan todos los aspectos captables en la realidad. Conforme a estos, establece tres principales grupos de ciencias:

Ciencias especulativas: su objetivo es alcanzar la verdad; ellas son (en orden de jerarquía, de mayor a menor) la ‘filosofía primera’ o teología –más adelante llamada metafísica; la ‘filosofía segunda’ o física y, por último, la matemática.

Ciencias Prácticas: su objetivo es alcanzar algún fin, se ocupan de acciones en concreto; ellas son la ética y la política.

Ciencias Poéticas: su objetivo es la producción de cosas y se conforman por las diferentes artes.

De entre todas las ciencias, la ‘filosofìa primera’ o teología, es ‘la ciencia de las ciencias’, la superior a todas, la cual se encarga de estudiar los aspectos del Ser que son comunes a todos los seres, dicho de otra forma, aquellos aspectos que hacen que las cosas sean lo que son, lo esencial a todos los seres.

El Ser y el Cambio

Ciencia: explicación de las cosas por sus causas.

Causa: principio del cual algo procede.

Plantea que para explicar todo lo existente, debemos apelar a cuatro cusas o principios: Causa material, Causa formal, Causa eficiente y Causa final.

Las causas primordiales son la causa material y la causa formal –igualmente todas son necesarias para explicar la existencia de cualquier ser-. Por esta razón, esta teoría es llamada hilemorfismo (en griego: hilé = materia, morfé = forma). Entre estas dos causas, la causa formales aún más importante, ya que es la que determina lo que una cosa es realmente y nos permite definirla.

La teoría de las causas le permitió a Aristóteles comenzar a conciliar las ideas de cambio y permanencia, ideas que, anteriormente, Platón había querido conciliar, pero de una forma no totalmente definitiva.

Los Modos del Ser

Todo lo que existe, según Aristóteles, existe como sustancia o como accidente.

Sustancia: la sustancia existe por sí misma, no se predica de otra cosa, es la esencia, lo que expresa su definición.

Accidente: afección de la sustancia, lo que se dice de alguna sustancia. Los accidentes no varían en forma esencial a la sustancia, estén o no presentes, la sustancia no deja de ser lo que es.

Ser en Acto y Ser en Potencia:

El Ser es uno y múltiple a la vez, sin que esto implique ningún tipo de contradicción. Según él, existen dos modos de que las cosas sean:

Ser en Acto: lo que un Ser es de hecho, hoy, aquí y ahora.

Ser en Potencia: capacidad de llegar a ser algo que todavía no se es, pero que se puede llegar a ser en un futuro lejano o cercano.

Mediante esta teoría, Aristóteles explica su concepto de movimiento (pasaje de la potencia al acto). Cambio y movimiento son aquí sinónimos.

Teoría del Alma

Aristóteles diferencia tres tipos o partes del alma: Alma intelectiva, Alma sensitiva y Alma vegetativa.  Las dos últimas están unidas necesariamente al cuerpo y la primera es separable de él, por lo tanto, es inmortal.

(VER: ANEXO "pirámide de orden jerárquico")

El Alma Humana:

El hombre es un ser dual, esto es, está compuesto por alma y cuerpo. En este aspecto Aristóteles coincide con su maestro. En lo que se diferencia es en que no comparte la visión del cuerpo como ‘cárcel’ del alma.

El Conocimiento:

Aristóteles no alcanzó nunca a determinar, de una forma absolutamente clara, la cuestión de la inmortalidad del alma. Por esto, no puede apelar a la reminiscencia, como lo hacía Platón; a la hora de explicar la forma de conocimiento humano, recurre a la fuente sensorial. Diferencia varios niveles de conocimiento. El nivel más bajo es la sensación, la cual el hombre comparte con el resto de los animales; por otro lado está la memoria. En el caso de la fuente sensorial, pese a ser compartida por el hombre con el resto de los animales, es diferenciada al plantear que los sentidos son seis y no cinco, como concebimos comúnmente: el sentido común es el sexto, encargado de organizar los diferentes y simultáneos datos que los cinco sentidos restantes nos proporcionan, propiciando nuestra mejor identificación de los objetos. Igualmente, solo en el ser humano podemos identificar a la sensación con la experiencia, siendo ésta paso previo a la ciencia y al arte. Finalmente, la imaginación es la encargada de reproducir en la mente los objetos, mientras estamos en ausencia de ellos. Hace más sencilla la tarea del entendimiento (encargado de pensar y juzgar) al almacenar y renovar imágenes pasadas. La ciencia es posible gracias a la tarea del entendimiento.

EL CONOCIMIENTO COMO REPRESENTACIÓN

DESCARTES

Tres corrientes definen el pensamiento de Descartes: Racionalismo: destaca a la razón como único medio fiable para el proceso de conocimiento, descartando totalmente a los sentidos; Idealismo: plantea que el conocimiento parte de las ideas; Realismo: acepta la existencia de una realidad externa a nuestra mente; el problema es cómo dar cuenta de ella (cómo justificarla).

El cambio que se ha de producir en el mundo moderno surge de la intención de concebir al pensamiento mismo como fundamento de todo lo real. En el cumplimiento de ese giro se encuentra el pasaje de la filosofía medieval a la moderna. Descartes es considerado posibilitador de un nuevo punto de partida de la filosofía y su diferencia respecto del pensamiento anterior, la escolástica. La tendencia hacia el pensar matemático es un rasgo de la modernidad que se irá consolidando a lo largo de esta época. No olvidemos el impacto (en todos los niveles de la vida) que tuvo la revolución copernicana y la influencia del pensamiento de Galileo en la construcción de la nueva ciencia.

Los filósofos modernos, a partir de Descartes, admiran la ciencia matemática “por la certeza y las evidencia de sus razones” y quieren para la filosofía la forma y el método de este pensamiento matemático. Por eso la atención va a estar puesta en la construcción de un sistema de pensamiento que parta de principios claros, a partir de los cuales se puede deducir toda una serie de afirmaciones fundamentales para el sistema, guiados por un método, para que las deducciones efectuadas tengan la garantía de la evidencia.

Veamos cómo se realiza esto en Descartes:

Para este filósofo, el pensamiento debe partir del pensamiento mismo, desprendiéndose así de todo otro criterio de autoridad (la Iglesia, la tradición, la naturaleza) que no sea el propio pensamiento. Esto lo expresa a través de la duda, la cual no es escéptica en un sentido absoluto, porque su fin no es detenerse en una actitud disolvente de cualquier afirmación sino que, a través de ella, busca eliminar todo prejuicio para llegar a un punto firme del que no se pueda dudar más y que sirva como piedra fundamental donde asentar el sistema.

El criterio que establece es el de dudar de todo aquello que no se presente con evidencia y aceptar sólo lo que se conozca de un modo claro y distinto. Por eso, puedo dudar de todos los contenidos de mi pensamiento, del dato de los sentidos, de lo que he aprendido hasta el momento, pero no voy a poder dudar de que yo, que estoy dudando, estoy pensando. Y este saberme pensante me revela mi ser, es decir, el yo pienso me constituye en lo que soy: “Conocí por esto que yo era una sustancia cuya completa esencia o naturaleza consiste sólo en pensar, y que para ser no tiene necesidad de ningún lugar, ni depende de ninguna cosa material.” [1]

“Pienso, luego existo”

Vamos a detenernos a reflexionar sobre este pensamiento de Descartes. Esta afirmación, “pienso, luego existo”, adquirió gran fama entre nosotros pero muchas veces fue trivializada en su interpretación. Es muy importante acercarnos cuidadosamente a ella porque inaugura la nueva época. El sujeto moderno es el acto fundacional de la modernidad. “Pienso, luego existo” afirma la identidad entre ser y pensar, donde afirmar “yo pienso” es afirmar la certeza inmediata del pensamiento y cualquier otra afirmación será posible sólo a partir de ésta. El “existo” no es una consecuencia del “pienso”, porque “pienso, luego existo” no se presenta como un razonamiento del cual se concluye el ser. Es una proposición en la que se afirma el sujeto, es decir el yo. ¿Quién es este yo? Es ese sujeto que sabe que piensa, y sabe que todo pensamiento es posible porque se sabe a sí mismo pensante. Este saber que el sujeto tiene de sí mismo se llama conciencia. El yo, el sujeto, es la conciencia. La conciencia es conciencia de un objeto. Por ejemplo, soy conciente de que estoy leyendo un libro pero, además, la conciencia es conciente de sí misma, soy conciente de que soy yo el que lee, el que piensa lo que lee, el que imagina, el que siente, el que se cansa de escribir o leer. Soy conciente de mí como sujeto de todas esas operaciones. Este sentido reflexivo, de volver el pensamiento sobre mí mismo, se llama autoconciencia. La conciencia es conciencia de sí, autoconciencia.

Duda Cartesiana:

Actitud  mental de incertidumbre que obliga a no decidirse ni por la verdad ni por la falsedad de un enunciado, mientras no existan pruebas razonables en un sentido o en otro. Si se considera como actividad crítica filosófica, se puede distinguir entre duda escéptica y metódica. Ejemplo de duda escéptica es el pirronismo, que consiste en una duda universal y radical que termina en la suspensión del juicio sobre la verdad o la falsedad de cualquier enunciado y en la imposibilidad de pronunciarse a favor o en contra.

El más famoso ejemplo de duda filosófica universal y radical, pero orientada a la búsqueda de la certeza, es la duda metódica de Descartes. Tal como aparece en su Discurso del método y en sus Meditaciones, es una duda universal y radical, porque se extiende a todas las cosas y a toda afirmación sobre las cosas, hasta la sensatez de la propia razón -y por lo mismo se llama también duda hiperbólica-, pero es metódica porque Descartes la inicia, no para permanecer en ella, sino para ver si alcanza alguna verdad (es un medio y no un objetivo). El resultado de esta duda es una verdad que otorga certeza absoluta, puesto que de ella es imposible dudar: la existencia de quien duda, conocida de forma inmediata.

Fragmento: “Hacía tiempo que había advertido que, en relación con las costumbres, es necesario en algunas ocasiones seguir opiniones muy inciertas tal como si fuesen indudables, según he advertido anteriormente. Pero puesto que deseaba entregarme solamente a la búsqueda de la verdad, opinaba que era preciso que hiciese todo lo contrario y que rechazase como absolutamente falso todo aquello en lo que pudiera imaginar la menor duda, con el fin de comprobar si, después de hacer esto, no quedaría algo en mi creencia que fuese enteramente indudable. Así pues, considerando que nuestros sentidos en algunas ocasiones nos inducen a error, decidí suponer que no existía cosa alguna que fuese tal como nos la hacen imaginar. Y puesto que existen hombres que se equivocan al razonar en cuestiones relacionadas con las más sencillas materias de la geometría y que incurren en paralogismos, juzgando que yo, como cualquier otro, estaba sujeto a error, rechazaba como falsas todas las razones que hasta entonces había admitido como demostraciones. Y, finalmente, considerando que hasta los pensamientos que tenemos cuando estamos despiertos pueden asaltarnos cuando dormimos, sin que ninguno en tal estado sea verdadero, me resolví a fingir que todas las cosas que hasta entonces había alcanzado mi espíritu no eran más verdaderas que las ilusiones de mis sueños. Pero, inmediatamente después, advertí que, mientras deseaba pensar de este modo que todo era falso, era absolutamente necesario que yo, que lo pensaba, fuese alguna cosa. Y dándome cuenta de que esta verdad: pienso, luego soy, era tan firme y segura que todas las más extravagantes suposiciones de los escépticos no eran capaces de hacerla tambalear juzgué que podía admitirla sin escrúpulo como el primer principio de la filosofía que yo indagaba.”[2] 

LAS IDEAS Y SUS CLASES

Según Descartes, las ideas son una representación que tenemos en la mente de las cosas que están fuera de ella, por esto podemos decir que sólo reserva el término idea para aquellos contenidos de la mente que se refieren a cosas y que son imágenes o representaciones de las mismas. Distingue así, tres tipos de ideas diferentes: las ideas innatas (nacidas con nosotros), las ideas adventicias (provienen de la influencia que el mundo exterior tiene en mi) y las ideas facticias (son inventadas por mi mismo). Esta clasificación coincide a su vez, con los diferentes modos en los que uno puede tener una idea, esto es: como representación general (lo que anteriormente se entendía como concepto), como fruto de la influencia exterior (imágenes) ó, como fruto de la invención propia (fantasías).

Como ya dijimos, cada una de estas posibles procedencias, supone un diferente tipo de ideas, así tenemos: (según su tipo) innatas, adventicias y fácticas, y (según su procedencia) de representación general, fruto de la influencia del exterior y fruto de la invención propia.

Por otra parte, descartes diferencia entre ideas claras u oscuras, e ideas distintas o confusas. Esta clasificación no está en función al origen de procedencia de las ideas sino en función a la manera como se presentan al sujeto cognoscente. Esta clasificación es fundamental, ya que determina el valor de verdad de las ideas: según Descartes ‘solo serán verdaderas aquellas ideas que se presenten al espíritu atento en forma clara y distinta’, como lo explica en su obra Principios de Filosofía.

EL PROBLEMA EL ORIGEN DE LAS IDEAS EN DESCARTES:

Para los racionalistas y principalmente para Descartes, la existencia de ideas innatas, es decir, de ideas cuyo origen está en el mismo entendimiento independientemente de cualquier experiencia anterior, es el problema central de toda su teoría (y también el mas discutido y criticado de toda su teoría).

Para Descartes, son ideas innatas los primeros principios del entendimiento, por ejemplo los principios matemáticos y hasta algunas ideas metafísicas como la idea de Dios.

Así, da importancia sobre todo a las ideas innatas en el proceso de conocimiento, pues los sentidos tienen para él escasa fiabilidad. De este modo, su postura es intelectualista, ya que valora la función de la inteligencia o el pensamiento en el conocimiento humano, por encima del papel que en él desempeñan los sentidos.

Los primeros principios del entendimiento deben ser la base para toda investigación filosófica, ya que solo sobre su base estaremos seguros de no equivocarnos en el camino, ya que estaremos basándonos en ideas innatas que, al no proceder de ningún contacto con la experiencia (y por ende de los sentidos) no tiene posibilidad de ser falsas.

EL MÉTODO:

Fragmento:  “(…)y como la multitud de leyes sirve a menudo como excusa para los vicios, de suerte que un estado está mejor regido cuando, teniendo pocas, se observan estrictamente, así, en lugar de ese gran numero de preceptos de que se compone la lógica, creí que me bastarían los cuatros siguientes, a condición de que tomara una firme y constante resolución de no dejar de observarlos ni una sola vez. El primero consistía en no admitir jamás nada por verdadero que no conociera que evidentemente era tal; es decir, evitar minuciosamente la precipitación  y no abarcar en mis juicios nada mas  que lo que se presenta tan clara y distintamente a mi espíritu que no tuviera ocasión de ponerlo en duda. El segundo, en dividir cada una de las dificultades que examinara, en tantas partes como fuera posible y necesario para mejor resolverlas. El tercero, en conducir por orden mis pensamientos, comenzando por los objetos mas simples y más fáciles de conocer, para subir poco a poco, como por grados, hasta el conocimiento de los más compuestos, y aún suponiendo un orden entre aquellos que no se preceden naturalmente unos a otros. Y el último, en hacer en todo enumeraciones tan completas, y revisiones tan generales, que tuviese la seguridad de no omitir nada”.

Análisis de cada una de las reglas del método:

1º regla: regla de la evidencia intelectual (REGLA INTUITIVA) Implica no admitir nada como verdadero que no cumpla con el criterio de evidencia, o sea, que no se presente al espíritu en forma clara (claridad: presencia de una idea en un espíritu atento) y distinta (distinción: conocimiento del contenido de una idea tal que no me permite confundirla con ninguna otra). La claridad y la distinción es lo único que me garantiza la verdad.

2º regla: regla del análisis. Implica dividir el problema en tantas partes como dificultades se me presenten para estudiarlo mejor.

3º regla: regla de la síntesis. Implica que, una vez resueltas las dificultades por partes, las vuelva a juntar, pero ahora estableciendo un orden (de lo mas simple a lo mas complejo) aún entre aquellas partes que a simple viste pareciera que no tuvieran orden.

4º regla: regla de la enumeración. Implica revisar todos los pasos realizados para cerciorarme de no haberme salteado ninguno.

El Método Cartesiano es propuesto a modo de propedéutica, o sea, como punto de partida para toda investigación filosófica; se basa en las ideas innatas (aquellas que se presentan claras y distintas por intuición) y deja bien claro que los sentidos son totalmente descartados como camino hacia el conocimiento, por ser estos engañosos y por no brindarlos certezas sobre la realidad.

Descartes admite solo dos modos de conocimiento: la intuición, que es una especie de luz natural que me permite captar inmediatamente ideas simples sin lugar a dudas o errores; y la deducción, que es el modo de conocimiento por el que la razón descubre conexiones entre ideas simples, esto es, obtener unas verdades a partir de otras. Siendo estos los únicos modos de conocer que tiene el entendimiento, el método de Descarte intenta garantizar el recto uso de las mismas.

LOCKE

Locke critica la teoría cartesiana de las ideas innatas. Considera que no se puede admitir la existencia de este tipo de ideas, si se puede demostrar de otra manera su adquisición, y es a esta tarea a la que se dedica en su obra “Ensayo sobre el Entendimiento Humano”.

Los principios de identidad y de contradicción, por ejemplo, los cuales Descartes considera universalmente admitidos, Locke dice que no lo son, ya que hay quienes los desconocen (como por ejemplo, los niños). Además, considera que se adquieren por la costumbre o la cultura. En cuanto a la idea de Dios, tampoco puede considerarse como innata, dice, ya que hay pueblos enteros que no la admiten.

Para Locke, todas las ideas proceden de la experiencia, a través de los sentidos:

a) los sentidos externos: nos informan de los objetos externos y proporcionan ideas de las cualidades sensibles (comolos colores, el frío, lo blando, lo duro, lo amargo, etc.). A estas las llama IDEAS de SENSACIÓN.

b) los sentidos internos: nos informan de las operaciones internas de nuestra propia mente proporcionando ideas de las diferentes actividades que ella realiza (como la de percepción, la de pensar, la de dudar, la de razonar, la de querer, etc.). A estas las llama IDEAS de REFLEXIÓN.

 Fragmento: “Supongamos, pues, que la mente sea, como se dice, un papel en blanco, limpio de toda instrucción, sin ninguna idea. ¿Cómo llega entonces a tenerla? ¿De dónde se hace la mente con esa prodigiosa cantidad que la imaginación limitada y activa del hombre ha grabado en ella, con una variedad casi infinita? ¿De dónde extrae todo ese material de la razón y el conocimiento? A estas preguntas contesto con una sola palabra: de la experiencia; he aquí el fundamento de todo nuestro saber, y de donde en ultima instancia se deriva: las observaciones que hacemos sobre los objetos sensibles externos, o sobre las operaciones internas de nuestra mente, las cuales percibimos, y sobre las que reflexionamos nosotros mismos, son lo que provee a nuestro entendimiento de todos los materiales del pensar (…)”[3]



[1] Rene Descartes. Meditaciones Metafísicas.

[2] Descartes. Discurso del Método. Editorial Alfaguara. Madrid, 1981. Pág. 24-25.

[3] Locke. J. Ensayo sobre el entendimiento humano. Ed. Nacional. Madrid, 1980. Pág. 164.

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